"La máquina nos ofrecerá otros mundos y otros efectos estéticos. Ante su complejidad y arbitrariedad la mirada humana deberá seguir escogiendo y validando aquellos que mejor representan un modo de entendimiento.
Estos efectos estéticos que ofrece la máquina no pueden ser simplemente válidos por ellos mismos. Del mismo modo que la realidad por sí misma no es visible ante nosotros, sin antes validarla nosotros, la pantalla está incapacitada para dictar el aspecto visible del arte. Ese algoritmo implicaría la participación de una inteligencia y perspectiva inhumana, que no podríamos interpretar ni comprender. Y si nunca ese tipo de estética fuera justificable por sí sola, quedaríamos al servicio ya de una inteligencia artificial.
Mientras el intermediario que valida la realidad sea un entendimiento humano, la mirada de la máquina sólo es una herramienta que permite ver. Y por tanto el Arte Contemporáneo no puede ser sólo una experiencia estética. Ante la pantalla debemos preguntarnos igualmente, ¿qué somos y reconocemos como humanidad? Y por lo tanto de nuevo el arte queda oculto, detrás todas las visibilidades y dispuesto a ser desvelado".
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