"La máquina puede ofrecernos nuevos mundos con nuevos efectos estéticos. Pero ante su complejidad y arbitrariedad el pensamiento y la mirada humana deben de igual modo seguir eligiendo, validando aquello que mejor represente un modo de comprensión y descripción de la realidad.
Bajo la influencia o adhesión que provocan los nuevos efectos estéticos, o atraídos por una devoción teleológica hacia la novedad, ante la máquina no podemos mostrar pasividad aceptando como valor inmanente el plasma en sustitución de la divinidad fotográfica o fílmica. La estética no puede ser simplemente integrada por sí misma. Una vez aprendido que la realidad deviene de la subjetividad, y nunca se muestra visible por efecto de un envío divino o materialidad científica, antes de ser validada la pantalla debe interpretarse con el proceso sofista del imaginario, por nuestra curaduría y juicio. La máquina está incapacitada para dictar el aspecto visible de la realidad, su comprensión o representación artística. Y deberemos garantizar la realidad como experiencia liberada. ¿Por qué motivo?
Un algoritmo capaz de alcanzar por sí mismo la autoría de la realidad implicaría la participación de una inteligencia y perspectiva inhumana, sólo interpretada o comprendida por sus diseñadores. Entonces, la ética inherente en la estética se expandiría al servicio de una máquina ideada por una minoría. I si nunca éste tipo de representación deviene justificable por sí misma, ya podremos llamarnos sirvientes de una inteligencia artificial para la esclavitud.
Por lo tanto, mientras el intermediario que valida la realidad sea humano, la mirada de la máquina es simplemente y debe ser una herramienta, que nos permite ver, pero que debe validarse y juzgarse. Afirmar que el mensaje es un fin en sí mismo nos permite llamar mensaje a la humanidad, retirando con ello toda justificación a la Interface como valor inmanente.
Del mismo modo como el arte jamás puede ser sólo una experiencia estética, la máquina jamás es por sí misma mensaje. Y ante la pantalla deberemos seguir dudando y preguntando quiénes somos y qué reconocemos como humanidad. Y por tanto otra vez el arte regresa oculto, detrás las visibilidades, dispuesto a ser desvelado desde una mirada liberada. Y ello del mismo modo que hoy nos mostramos como mensaje, sin nunca más figurarnos como observadores o emisores". |